lunes, 14 de febrero de 2011

Resumen del tema 5: Generación del 98

Introducción
En 1898 Estados Unidos derrota a España. Esto implica que España concederá independencia a Cuba y cederá Puerto Rico y Filipinas a Estados Unidos. En 1902, Alfonso XIII alcanza su mayoría de edad, mientras el país atravesaba una seria crisis. Con el desastre del 98 se inicia en España una crisis de la conciencia burguesa. La actitud de los intelectuales es de rebeldía.
En este estado de cosas iba a arraigar en un grupo de escritores un movimiento ideológico y estético que hoy conocemos como Generación del 98.

1. Nombre de “generación del 98”
El nombre de generación 98 fue propuesto por Azorín en unos artículos de 1913 para referirse a escritores que tenían en común un espíritu de protesta y un profundo amor al arte. Se trataba de Unamuno, Azorín, Baroja, Maeztu, Valle Inclán y Antonio Machado.
Baroja, en cambio, niega la existencia de le generación.
Según Petersen para que exista una generación literaria es necesario:
• homogeneidad de educación;
• relaciones personales entre sus miembros
• acontecimiento o experiencia generacional;
• existencia de un jefe, guía, de maestro;
• anquilosamiento o falta de vigencia de la generación anterior.
Salinas afirma que estas condiciones se cumplen en los miembros del 98.

2. Características de la generación del 98
- Ven en la frivolidad el peor defecto de los años de la Restauración. Les “duele” la triste realidad española. Sin embargo, miran confiadamente el futuro y se esfuerzan en crear con sus libros un nuevo espíritu y una España mejor.
- Un espíritu individualista les hace adoptar una postura lírica y subjetiva ante las cosas. Prescinden de las ideas tradicionales, forjan un estilo y una imagen de España puramente personal. De ahí el choque con la sociedad de la época y la crítica de la realidad circundante.
- El tema fundamental de la generación es el problema de España tras el desastre del 98. Para solucionarlo propusieron, en un primer momento, «europeizar España». Posteriormente, decidieron ahondar en las raíces de lo español y hablaron de «españolizar Europa». Para llegar a la verdadera esencia de España se valieron del paisaje, de la historia y de la literatura.
• Ven en Castilla el núcleo de la nación española. Esto explica la presencia del paisaje castellano en sus obras, donde se proyecta el espíritu del autor, como ocurre en Campos de Castilla de Antonio Machado.
• Reflejo del alma española es, además la historia, pero no la de las grandes gestas, sino la historia íntima, la “intrahistoria”, como dice Unamuno, en la que se manifiesta la verdadera esencia del pueblo español.
• En cuanto a la literatura, la atención se dirige hacia los primitivos medievales (Berceo, Hita, Manrique), hacia clásicos olvidados (Góngora, Gracián) o hacia los que, como Larra sintieron hondamente a España.

- El objetivo real de llegar a la solución del problema español es conseguir un sentido a la vida. Los temas existenciales y religiosos preocuparon a los del 98. Destaca su obsesión por el paso del tiempo, la muerte, el sentido de la existencia, etc.

3. Estilo noventayochista
- La generación del 98 rechazó, en general, la retórica anterior. Frente al objetivismo del Realismo del siglo XIX, se muestran subjetivos y utilizan el lirismo. Cargan el acento en la expresión de las resonancias intelectuales o emotivas que las cosas provocan en la intimidad del autor.
- Consecuencia del fuerte subjetivismo de estos escritores es el hecho de que cada uno de ellos presente un estilo personal claramente diferenciado del de los demás.
- En cuanto al estilo, se proclama la necesidad de la vuelta a la sencillez, a la sinceridad, a la frase viva y expresiva. Los autores usan palabras tradicionales rescatadas del pueblo, a las que denominan terruñeras.
- Destacan sus innovaciones en los géneros literarios, como las “nivolas” de Unamuno o el esperpento de Valle Inclán.

4. Influencias
- Los noventayochistas procuran conocer la cultura europea. Por eso, son tan notables las influencias extranjeras. Pesó bastante la literatura que impregnaba a fin de siglo el ambiente europeo: Ibsen, Schopenhauer, Nietzsche, etc.
- Podrían darse además: Kierkegaard (para Unamuno), Montaigne, Flaubert (para Azorín), Dickens, Nietzsche (para Baroja) …
- Al mismo tiempo que los extranjeros influyeron los españoles. Destaca así también el fervor con que se interpreta El Quijote.

Resumen del tema 4: Modernismo y 98

Introducción
El Modernismo surge en el último cuarto del siglo XIX primero en Hispanoamérica y después en España. Lo inician escritores como José Martí o Julián del Casal, si bien es el nicaragüense Rubén Darío el que lo consolida definitivamente en Azul, 1888.
El final del siglo XIX se caracteriza por un conformismo burgués en lo social y por el positivismo filosófico. El Realismo y el Naturalismo empezaban a decaer. Los escritores españoles e hispanoamericanos se rebelan contra el espíritu utilitario de la época, sobreponiendo los valores artísticos. Va creándose así un ambiente innovador que pretende revisar más que romper, todos los valores aceptados.
Por tanto, como dice Federico Onís, el Modernismo es la forma hispánica de la crisis universal de las letras y del espíritu, que se había de manifestar en el arte y en los demás aspectos de la vida.
Así pues, el Modernismo es una actitud vital. Es en este punto en el que debemos comenzar a hablar del 98, indicando que las fronteras entre ambos movimientos eran tan borrosas que se ha hecho difícil separar lo “modernista” de lo “noventayochista”.

1. Modernismo y 98
La crítica se ha dividido en dos bandos: los que contraponen rotundamente ambos movimientos y los que apenas entrevén diferencias entre ellos.

1.1. División de los movimientos
Entre los primeros citar a Pedro Salinas, que establece una serie de diferencias:
• Los precursores del Modernismo son poetas; los del 98, ideólogos.
• Los primeros buscan la belleza como último fin, los segundos, la verdad.
• Los modernistas son cosmopolitas, los noventayochistas miran a España.
• El Modernismo es sintético, ya que toma todos los movimientos literarios del XIX; el 98 es analítico, disecciona la realidad española.
• La literatura modernista es una literatura de los sentidos; la del 98 es una literatura de ideas.

1.2. Concepción unitaria de los movimientos
Ferreras, en cambio, señala la influencia de los escritores franceses (especialmente los simbolistas) y el liderazgo de Rubén Darío en ambos movimientos.
Mainer en “Modernismo y 98” aboga por un tratamiento unitario para estos movimientos, puesto que ambos se producen bajo la crisis de fin de siglo.

1.3. Consideraciones generales sobre ambos movimientos
Es difícil trazar una divisoria entre ambos movimientos. Hay puntos en común, incluso hay escritores que entran en ambos, como Valle-Inclán. Estos escritores entran en contacto con Rubén Darío y hay así una influencia del Modernismo hispanoamericano (sobre todo en el lenguaje) en escritores como Antonio Machado o Valle-Inclán.
Los noventayochistas presentan de todas formas características concretas, que los diferencian más que los separan de los escritores propiamente modernistas.

2. Características del Modernismo
Sus características esenciales son el esteticismo (búsqueda de la belleza estética) y el escapismo (evasión en el tiempo y en el espacio) para huir de la realidad cotidiana que rechazan. El cisne será el símbolo de la belleza estética modernista. Otros rasgos son:

• Los ambientes son refinados, aristocráticos y existe un cosmopolitismo que tiene París como centro. Aparece el amor y el erotismo. Se refleja el tema americano como evasión hacia el pasado, pero también como búsqueda de raíces. Aunque al principio se rechazó lo español (exceptuando a Bécquer), luego se produjo un acercamiento a lo hispano y el sentimiento de tener un origen común.
• El lenguaje modernista desea alcanzar la belleza formal. Para ello recibe las influencias del parnasianismo en su concepción del «arte por el arte», y del simbolismo, en su utilización de símbolos sugerentes. El léxico incluye voces extranjeras, cultismos, arcaísmos, neologismos, etc. También se utilizan palabras que hacen referencia al lujo y al refinamiento. Se buscan los valores sensoriales y por ello aparecen aliteraciones, las referencias al color o a los aromas, sinestesias (unión de dos elementos que se perciben por sentidos diferentes) …
• Se crean nuevas estrofas o se modifican otras tradicionales. Un ejemplo es el del soneto de Caupolicán de Rubén Darío, que se compone de alejandrinos (versos de 14 sílabas) en vez de endecasílabos. El gusto por la musicalidad del verso implica la frecuente presencia en los poemas de esquemas rítmicos.
• Podemos diferenciar un Modernismo exterior, que se evade en el tiempo y en el espacio, y un Modernismo interior, que expresa la intimidad del poeta y se acerca al Romanticismo en sus sentimientos de melancolía.

Si en Hispanoamérica destacamos a Rubén Darío con Azul y Prosas profanas, en el Modernismo español podemos mencionar a Manuel Machado, Villaespesa y Marquina. Reciben también influencia modernista Antonio Machado en sus Soledades, Valle-Inclán en sus Sonatas y Juan Ramón Jiménez en su etapa sensitiva.

Resumen tema 6: Novela del 98

1. Introducción
En 1898 Estados Unidos derrota a España. Esto implica que España concederá independencia a Cuba y cederá Puerto Rico y Filipinas a Estados Unidos. En 1902, Alfonso XIII alcanza su mayoría de edad, mientras el país atravesaba una seria crisis.
Con el desastre del 98 se inicia en España una crisis de la conciencia burguesa. La actitud de los intelectuales es de rebeldía. En literatura este inconformismo se iba a manifestar en dos movimientos renovadores: el Modernismo y la generación del 98.

2. Características generales de la generación del 98
El nombre de generación 98 fue propuesto por Azorín en unos artículos de 1913 para referirse a escritores que tenían en común un espíritu de protesta y un profundo amor al arte. Se trataba de Unamuno, Azorin, Baroja, Maeztu, Valle Inclán y Antonio Machado.
- El tema fundamental de la generación es el problema de España tras el desastre del 98.
- La búsqueda de las raíces les hizo valorar la intrahistoria, que consiste en explicar un hecho histórico a través de las vivencias de la gente corriente.
- Los temas existenciales y religiosos también preocuparon a los del 98.
- Su estilo es sobrio y aparentemente sencillo, pero muy cuidado. Los autores usan palabras tradicionales rescatadas del pueblo, a las que denominan terruñeras.

3.Novela de la generación el 98
En 1902 llega la renovación en la novela española con la publicación de La voluntad de Azorín, Amor y pedagogía de Unamuno, Camino de perfección de Baroja y Sonata de otoño de Valle-Inclán.

3.1. La “nivolas” de Unamuno
- Unamuno expresa en sus novelas conflictos existenciales y filosóficos. Por ello, cobran mayor importancia las ideas y se simplifica la acción. Para expresar la angustia y contradicciones de los personajes emplea antítesis y paradojas. Sus “nivolas” son de “creación vivípara” porque la novela se va haciendo al escribirla. Destacan:
• Paz en la guerra, en la que se preocupa de la intrahistoria.
• Amor y pedagogía (1902), que parodia la educación científica.
• Niebla, en la que el protagonista de la obra Augusto Pérez se enfrenta ante Unamuno porque quiere vivir.
• San Manuel Bueno, mártir, que es un cura que no cree en Dios pero finge creer para que su pueblo viva feliz en la esperanza del más allá.
• La tía Tula, sobre el tema de la maternidad.
• Abel Sánchez sobre el tema de la envidia.

3.2. Baroja
- Para Baroja la novela es un género abierto o permeable porque abarca todo: lo filosófico, lo psicológico, la aventura … Rechaza la existencia de un plan previo, porque la novela debe ir fluyendo como la vida. Su estilo es antirretórico porque su lenguaje es coloquial y sencillo.
Las novelas de Baroja suelen agruparse en trilogías.
• La tierra vasca, que incluye Zalacaín el aventurero. El personaje de Zalacaín encarna al hombre de acción.
• La vida fantástica, en la que destaca Camino de perfección (1902), en la que el protagonista es un personaje abúlico (sin voluntad).
• La lucha por la vida, que incluye La busca (1904), la cual refleja los barrios míseros de Madrid y a su protagonista Manuel zarandeado por la sociedad.
• A La raza pertenece El árbol de la ciencia, cuyo protagonista, decepcionado por el mundo que le rodea, opta por el suicidio.

3.3. José Martínez Ruiz “Azorín”
- Presenta una obsesión por el tiempo y por la fugacidad de la vida, que deriva en cierta tristeza y melancolía en sus novelas.Sus novelas se acercan al ensayo puesto que el argumento y la acción pierden importancia. El ritmo es lento y se detiene en largas y detalladas descripciones.
- Destacan sus tres novelas autobiográficas que tienen un protagonista común (Azorín) que le dio el seudónimo al autor. Está La voluntad (1902), en la que Azorín tras llegar a los ambientes literarios de Madrid, que se critican, regresa a Yecla, ciudad de ambiente estancado, para llevar una vida vulgar. Es la novela de la abulia, del fracaso de la voluntad. También escribió Antonio Azorín y Las confesiones de un pequeño filósofo.

3.4.Valle-Inclán
Escribió las Sonatas. De estilo modernista, presenta las historias amorosas del Marqués de Bradomín en un ambiente decadente y aristocrático.
En su segunda etapa escribe la trilogía La guerra carlista, en la que utiliza un lenguaje desgarrado y brusco para expresar el horror de la guerra.
En su tercera etapa escribe Tirano Banderas, que es un esperpento sobre los abusos de un dictador americano. En esta línea esperpéntica estaría la trilogía El ruedo ibérico, en la que parodia la corte de Isabel II con un estilo crítico en el que deforma la realidad.

viernes, 4 de febrero de 2011

2.2. ARTÍCULOS de LARRA

Autor. Obra. Fecha.
La lectura que he realizado del siglo XIX han sido los artículos de Larra.

Contexto histórico
El Romanticismo es un movimiento ideológico y cultural del siglo XIX caracterizado por la libertad artística. La Revolución Francesa (1789) sienta las bases de este movimiento con las ideas de libertad, igualdad y fraternidad.
En España el Romanticismo es un movimiento tardío porque Fernando VII impuso una monarquía absoluta y persiguió a los liberales. Tras la muerte de Fernando VII (1833), se produce el retorno de los liberales y el Romanticismo se asienta en España.

Contexto literario
El Romanticismo defiende la libertad artística, el rechazo de toda norma, la rebeldía, la evasión en el tiempo y en el espacio, el individualismo y subjetivismo …
En el teatro romántico, sobresale el Duque de Rivas con Don Álvaro o la fuerza del sino y Zorrilla con Don Juan Tenorio. En la poesía tenemos a Espronceda con El estudiante de Salamanca, Rosalía de Castro con En las orillas del Sar y Bécquer con sus Rimas.
En la prosa romántica destaca Bécquer con sus Leyendas y Larra con sus artículos. Destacan sus artículos de costumbres, en los que critica vicios de la sociedad española: falta de educación («El castellano viejo»), la pereza («Vuelva usted mañana»)...

Aspectos que más me han llamado la atención
• Me ha sorprendido la acumulación de recursos literarios en el artículo Vuelva usted mañana, que contribuyen a crear un efecto humorístico.
Predomina la ironía en el texto y así tenemos la expresión “¡Qué formalidad y qué exactitud!” para comentar que nadie asistía a ninguna cita concertada. También se da cuando el oficial de mesa no puede atender a Sans-délai porque está “ocupadísmo” en dar una vuelta con su señora o cuando se tacha a los españoles de “activa población”.
Contribuyen también al efecto humorístico la hipérbole que hace de los españoles cuando dice “No comerán por no llevar comida a la boca”, el apóstrofe que hace al “perezoso lector” y el significado del nombre del extranjero Sans-délai (señor sin demora).

• Me ha parecido relevante el pesimismo presente en el artículo “El día de Difuntos de 1836”, que se transmite a través de esta terrible alegoría: “Madrid es el cementerio. Pero vasto cementerio donde cada casa es el nicho de una familia, cada calle el sepulcro de un acontecimiento, cada corazón la urna cineraria de una esperanza o de un deseo.”

• Me ha parecido destacable la acumulación de expresiones negativas y pesimistas en el artículo “La Nochebuena de 1836” que conducen al final del texto al pensamiento del suicidio. Tenemos, por ejemplo, la exclamación “¡Bienaventurado aquel a quien la mujer dice no quiero, porque ese a lo menos oye la verdad!” Tenemos la comparación “Para ir desde mi casa al teatro es preciso pasar por la plaza tan indispensablemente como es preciso pasar por el dolor para ir desde la cuna al sepulcro”. También tenemos el ataque inmisericorde del criado que le reprueba sus ofensas como literato y su infelicidad permanente. Todo esto concluye con el pensamiento del narrador en el suicidio que se transmite en la interrogación retórica “¿Llegará ese mañana fatídico? ¿Qué encerraba la caja?”

• Me ha llamado la atención el ataque furibundo que se realiza a la pena de muerte en el artículo “Un reo de muerte” a través de la adjetivos que connotan la gravedad del castigo: “terrible momento”, “críticos instantes”, “hora fatal”, “horrible asiento”, “lúgubre campanada”…

• Me gustaría resaltar el contraste que se produce en “El castellano viejo” entre los intentos de aparentar educación de los comensales y el resultado final de la comida. Así, aunque los invitados expresaban cumplimientos (“sírvase usted”, “hágame usted el favor”, “de ninguna manera”) carecían de la fineza de la que hacían gala. Así, el señor gordo deja los huesos de las aceitunas al lado del pan de Fígaro, al señor de enfrente se le escapa el capón tirando el caldo en la camisa de Fígaro y Doña Juana ofrece comida de su plato y de su propio tenedor al narrador.

jueves, 23 de diciembre de 2010

TEMA 6. Novela del 98

En los primeros años del siglo XX continúan las tendencias narrativas de finales del siglo XIX. Muchos escritores realistas prolongan su labor literaria. Galdós o Pardo Bazán publican títulos importantes en pleno siglo XX. Autores como Vicente Blasco-Ibáñez escriben novelas naturalistas. Sin embargo, es en esta época cuando se da una reacción contra el Realismo y el Naturalismo, las tendencias de la segunda mitad del siglo XIX. En los jóvenes novelistas se observa una firme voluntad de innovación.
En 1902 aparecerán cuatro títulos con una concepción novelística nueva: La voluntad de Azorín; Camino de perfección de Pío Baroja; Sonata de otoño de Valle Inclán; y Amor y pedagogía de Unamuno. En ellos hay un interés por superar el Realismo del siglo XIX. He aquí las principales diferencias entre ambos movimientos:
• En la novela realista la realidad es el tema esencial, interesa más la realidad externa que la personalidad del autor, mientras que en el 98 el tema principal es la visión que de la realidad tiene el autor.
• El narrador es omnisciente, pero trata de ser objetivo e imparcial. Sin embargo, en el 98 el autor está omnipresente: a través del narrador manifiesta sus ideas y opiniones acerca del tema tratado.
• En la novela realista, la técnica de descripción es objetiva, detallista; y en el 98, es subjetiva.
• El protagonista es la sociedad, la colectividad, no el individuo; en el 98, el relato se centra en un personaje que focaliza toda la acción.
• Estilo excesivamente detallista y minucioso; frente a estilo sobrio, sin apenas recursos retóricos.
• Finalmente en la novela realista el léxico tiende a ser denotativo, desapasionado y los relatos amplios y densos; sin embargo, en el 98, el léxico es valorativo con presencia de localismos y arcaísmos y se da preferencia por los relatos cortos.

Los temas y técnicas narrativas de los autores del 98 surgieron como consecuencia del ambiente de crisis de finales del siglo XIX, agudizado en España por la pérdida de las últimas colonias y por el agotamiento de los temas y formas de la literatura anterior. Entre los autores del 98 se incluyen Unamuno, Azorín, Baroja, A. Machado (poeta) y parte de la obra de Valle Inclán. Manifiestan la protesta contra las costumbres decadentes de la sociedad española, proponen una reforma total de las conductas sociales y morales españolas y defienden el subjetivismo y la visión personal de las cosas; hay que señalar:

Temas predominantes:
a) El tema de España, enfocado desde una visión subjetiva e individualista. El planteamiento reformista y patriótico de Unamuno es distinto de la visión escéptica y pesimista de Baroja. Y ambos tienen poco que ver con la percepción impresionista y lírica de la realidad que refleja Azorín en sus descripciones. Pero, en cualquier caso, en todos ellos hay un objetivo: el descubrimiento del alma de España por medio de:
- El paisaje en especial, el de Castilla, en el que descubren el espíritu austero y sobrio del hombre castellano.
- La historia, pero no la de los grandes acontecimientos políticos o bélicos, sino la del hombre anónimo y la de vida cotidiana, a la que Unamuno llamó intrahistoria.
- La literatura, volviendo a los autores medievales como Berceo, Rojas o Manrique, y a los clásicos olvidados como Góngora o Gracián. Especial interés muestran por Cervantes y El Quijote, obra en la que ven reflejados fielmente las conductas de los españoles, y por Larra.
b) El tema existencial, que abarca desde la preocupación por el sentido de la vida hasta los problemas de carácter religioso, pasando por los conflictos psicológicos del ser humano. Las distintas actitudes ante estos temas difieren de unos autores a otros: angustia, obsesión por el deseo de inmortalidad en Unamuno; preocupación por la caducidad de lo terrenal en Azorín; o incredulidad religiosa en Baroja.

Técnica estilística y literaria
También se vio afectado por el talento reformador. El aspecto más característico es el rechazo a la expresión retórica y grandilocuente. Todos reclaman el retorno a la sencillez y claridad, pero sin perder la fuerza expresiva, la rapidez.
Tienden a la precisión léxica, a la elección de la palabra justa. Muchas veces buscan vocablos que resultan extraños por su sabor local o arcaico (palabras terruñeras). El léxico se impregna de valoraciones subjetivas que desvelan sus sentimientos íntimos. Abundan términos con connotaciones negativas, pesimistas o decadentes.
En cuanto a las construcciones sintácticas, evitan las oraciones excesivamente complejas. Proliferan las oraciones simples, o, en todo caso, la yuxtaposición.

Autores:
- Ramón María del Valle Inclán: su obra, inicialmente modernista, evoluciona hacia una creación personal e innovadora: el esperpento, del que se tratará en el teatro.
Su primera gran obra en prosa es las Sonatas (de otoño 1902; de estío 1903; de primavera, 1904; de invierno 1905). Presentan las memorias del Marqués de Bradomín, “un donjuán feo, católico y sentimental”. Se caracteriza por una prosa modernista tendente al esteticismo y sensualidad, y los temas principales son el amor y la muerte.
En 1926 escribe Tirano Banderas en la que intenta reflejar los aspectos lingüísticos y las costumbres de América. El tema central es el dictador que tiraniza y somete a los hombres a su máxima denigración. Su última obra es El ruedo ibérico (1927), trilogía incompleta de tema histórico.

- Miguel de Unamuno: Su producción está impregnada de contenido filosófico. Sus novelas son una proyección de sus inquietudes personales, en las que se suprimen las referencias a la realidad exterior de los personajes.
Toda su obra posee un sentido unitario y didáctico, basado en su preocupación por España y por la existencia, la muerte, la relación Dios-hombres, la eternidad y la nada, la razón y la fe, etc. Estos temas aparecen en sus primeras novelas, como Paz en la guerra (1897), Amor y pedagogía (1902), pero es Niebla (1914) la que mejor refleja las características formales, estilísticas y temáticas de sus nivolas, como él las llamaba. El tema de la relación entre el Creador y sus criaturas, junto con la angustia de la propia existencia, cobran particular interés en el protagonista de la obra, Augusto Pérez, quien se rebela contra su creador, el mismo Unamuno. La confusión entre sueño y realidad, entre razón y fe, son los temas derivados de ese otro principal: la angustia de la existencia humana.
Su lucha es llevada a sus últimas consecuencias en San Manuel Bueno, mártir (1933), en la que el protagonista, un sacerdote admirado y querido por todos sus feligreses, guarda en secreto su drama: la falta de fe.

- Pío Baroja: Su tono agrio y pesimista es una constante. El tema principal de su obra es la protesta contra la sociedad a la que critica por sus conductas hipócritas, sus injusticias y su anquilosamiento frente a la hipocresía, manifiesta una total sinceridad en sus ideas; frente al aburguesamiento, como única salida, la acción. Consecuencias serán:
Escepticismo absoluto por los aspectos religiosos y éticos del ser humano, reflejado en sus personajes: tristes, descontentos, desesperanzados.
Presencia importante de la acción. Muchas de sus novelas son un cúmulo de episodios en los que la aventura es el argumento central. En unas obras predomina el autor de opinión (Camino de perfección, 1902; La busca, 1904; o El árbol de la ciencia, 1911); y en otras, el de acción (Zalacaín el aventurero (1909), Las inquietudes de Shanti Andía (1911).
Se ha acusado a Baroja de descuidado, sin calidad en la técnica narrativa. Sin embargo, su concepción novelística está basada en la espontaneidad y el antirretoricismo. Sus novelas nacen del rechazo de una estructura previamente definida. En su estilo predominan los párrafos cortos. Su léxico es sencillo, con predominio de coloquialismos. Sintaxis también sencilla, sobre todo en los diálogos, con gran acierto en el lenguaje conversacional. Descripciones fugaces y expresivas, especialmente de los personajes.

- José Martínez Ruiz “Azorín”: es el escritor del detalle. Desarrolla una técnica descriptiva sutil en la que prima la sencillez, la brevedad de las frases, la sensación de orden y pulcritud. La preocupación por el tiempo que pasa se percibe en una prosa triste, melancólica y fluida que delata ese afán por apresar lo sustancial de las cosas.
Sus títulos más conocidos son La voluntad (1902), Antonio Azorín (1903), Las confesiones de un pequeño filósofo (1904), Don Juan (1922), Doña Inés (1925). Sus obras, a pesar de tener una intención novelística se acercan más al ensayo: sus descripciones de ambientes, y personajes sin un argumento central sólido. Pretende que sus novelas sean un reflejo delicado y lírico de lo esencial de la realidad.

Tema elaborado por Carlos Alcaide

TEMA 5. Generación del 98

A finales del siglo XIX se produce en España un desgaste general que va minando todos sus cimientos. El lamentable estado en que se encontraban las instituciones políticas, el caos social y la pobreza cultural habían originado un profundo descontento principalmente entre los intelectuales. Ante esta situación agravada por el desastre militar de 1898, por el que perdíamos nuestras últimas colonias de ultramar, despierta una conciencia de la necesidad de regeneración. Había un objetivo único y fundamental: cambiar la vida española buscando las causas principales de la dolorosa realidad.
En este estado de cosas iba a arraigar en un nutrido grupo de escritores (Azorín, Unamuno, Maeztu, A. Machado, etc.) originando un movimiento ideológico y estético que hoy conocemos como Generación del 98.
Es Azorín quien populariza el nombre “Generación del 98” en unos artículos recogidos en “Clásicos y Modernos”, en 1913, en los que enumera a los escritores que se engloban bajo esta denominación y los aspectos que constituyen puntos comunes entre sus miembros.
Baroja, en cambio, niega la existencia de le generación.
Según Petersen para que exista una generación literaria es necesario:
• homogeneidad de educación;
• relaciones personales entre sus miembros (convivencia, cartas, participación en tertulias, actos comunes, etc.);
• acontecimiento o experiencia generacional;
• existencia de un jefe (puede ser alguien ajeno a la generación, pero que sirva de guía, de maestro);
• anquilosamiento o falta de vigencia de la generación anterior.
Salinas afirma que estas condiciones se cumplen en los miembros del 98, entre los que se incluye a Benavente, Valle Inclán, Azorín, Baroja, A. Machado, Maeztu y Unamuno.
Sin entrar por el momento en la realidad de esta afirmación, sí que es cierto que entre estos escritores de estilo y trayectoria diferente, se dan una serie de puntos en común.
Hechas las precisiones anteriores pasemos a continuación al desarrollo del tema.
Antes de analizar los rasgos característicos de la Generación del 98, conviene distinguirla del grupo de los llamados “regeneracionistas”, como Costa, Picavea, etc. El desastre del 98 agudiza en unos y otros la repulsa hacia el estado de cosas que lo ha hecho posible y el anhelo de cambio rotundo en la vida española. Pero así como estos últimos se limitan a apuntar remedios de tipo social, jurídico y económico, aquella representa un amplio movimiento ideológico y estético que habrá de alcanzar hondas resonancias en la cultura nacional.
La actitud espiritual de los escritores del 98 contrasta vivamente con la de la época de la Restauración y ofrece notables coincidencias con la que adopta Europa hacia esos años; idealismo frente al materialismo positivista; exaltación frente a su concepto burgués del arte y de las cosas. Pasada la época de la obsesión por la ciencia y por las realidades concretas, se creó una inquietud por el misterio y se soñó con altos ideales de tipo religioso, moral , patriótico …
Todos contemplan la vida con gravedad y ven en la frivolidad el peor defecto de los años de la Restauración. Les “duele” la triste realidad española y, como nuevos románticos, reaccionan con amargo pesimismo ante el lamentable espectáculo que la patria les ofrece. Sin embargo, no se dejan dominar por la melancolía: miran confiadamente el futuro y se esfuerzan en crear con sus libros un nuevo espíritu y una España mejor.
Idealismo, gravedad y, al mismo tiempo, un agudo espíritu individualista que les hace adoptar una postura lírica y subjetiva ante las cosas. Prescinden del ambiente y de las ideas tradicionales y forjan un estilo, un ideal de vida y una imagen de España puramente personal. De ahí el choque con la sociedad de la época y la crítica acerba de la realidad circundante.
Las dos preocupaciones máximas de la Generación del 98 serán el alma de España y el sentido de la vida. Todos muestran un entrañable amor a España, pero, por lo menos al principio, nadie acepta su tradición, lo que les lleva a buscar una imagen de España distinta de la consagrada por los tópicos. Tres son los caminos que escogen para llegar a la verdadera esencia de España: el paisaje, la historia y la literatura. Antes de pasar adelante, conviene añadir que si bien todos sienten una íntima vinculación a su terruño respectivo (el País Vasco, Alicante, Andalucía …); ven también en Castilla el núcleo de la nación española, su más alta expresión. Así se observa en su emocionada adhesión al paisaje castellano, proyección del espíritu del autor sobre la realidad (visión subjetiva) porque de lo que se trata es de captar el alma del paisaje castellano y a través de él el alma de Castilla (visión idealista).
Reflejo del alma española es, además,la historia, pero no la de las grandes gestas, sino la historia íntima, la “intrahistoria”, como dice Unamuno en la que se manifiesta la verdadera esencia del pueblo español. A la auténtica España habrá que buscarla en la Edad Media, época en la que aún sus genuinas tendencias no se habían desviado, como ocurre a partir del XVII, según estos.
La literatura tampoco es aceptada en su totalidad; y la atención se dirige preferentemente hacia los primitivos medievales (Berceo, Hita, Manrique), hacia clásicos olvidados (Góngora, Gracián) o hacia los que, como Larra sintieron hondamente a España. Con el tiempo se acaba valorando toda la tradición literaria, si bien desde un punto de vista distinto al habitual: se atenderá sobre todo al detalle significativo que permite descubrir el contenido humano, español, eterno de la obra, prescindiendo de tópicos. Y lo mismo en el arte; la admiración por el Greco es un buen ejemplo.
El estudio del paisaje, de la literatura y de la historia española, proporcionará, pues, un nuevo concepto del alma y de la vida de España. Pero esto no es sino un punto de partida, pues lo que en el fondo les interesa es llegar a una fórmula que les dé el sentido de la vida en sus términos más amplios y universales. La nueva generación vuelve a plantearse la existencia como un problema.
Desde un punto de vista religioso, ético o estético, todos sienten la necesidad de resolver cuestiones que rebasan el área de la realidad cotidiana y tangible. “Habrá que intervenir”, dice Azorín, refiriéndose a la actitud de su generación frente a un estado de cosas que consideraba inadmisible. En principio era un grito de rebeldía y protesta contra lo que representaba la tradición española, pero pronto vino un cambio de ritmo. El conocimiento de España les llevó a valorar lo que en un principio desdeñaron. España tendrá que vigorizar su economía y conocer la cultura europea, pero sólo se salvará a base de poner en tensión sus valores. A lo que en último término aspiran, en realidad, es a la solución del problema español, es a “imponer un sentido de la vida” (Azorín) y de su valor.
En cuanto al estilo y la técnica se clama contra el párrafo declamatorio de los regeneracionistas, se proclama la necesidad de la vuelta a la sencillez, a la sinceridad, a la frase viva y expresiva.
Consecuencia del fuerte subjetivismo de estos escritores es el hecho de que cada uno de ellos presente un estilo personal claramente diferenciado del de los demás.
Pero hay que decir que todo esto forma parte de un fenómeno más amplio: de la actitud estética que adoptan ante la vida y los problemas que plantea.
No estará de más repetir que en cuanto a la técnica literaria, lo general fue la tendencia a alejarse de los procedimientos típicos del Realismo del siglo XIX (observación minuciosa de la realidad externa, reflejo objetivo e impersonal de lo observado …) para cargar el acento en la expresión de las resonancias intelectuales o emotivas que las cosas provocan en la intimidad del autor.
Concluir con que también procuran conocer la cultura europea. Por eso ahora son tan notables las influencias extranjeras. Por lo menos, en principio, pesó bastante la literatura que impregnaba a fin de siglo el ambiente europeo: Ibsen, Schopenhauer, Nietzsche, los rusos, etc.
Podrían darse además: Kierkegaard (para Unamuno), Montaigne, Flaubert (para Azorín), Dickens, Nietzsche (para Baroja) …
Al mismo tiempo que los extranjeros influyeron los españoles. Ya aludimos a los primitivos medievales. Añadir el fervor con que se interpreta el Quijote (Unamuno, Azorín, Maeztu).

Tema realizado por Carlos Alcaide

martes, 21 de diciembre de 2010

TEMA 4. Modernismo y 98

Entendemos que en este tema tenemos que desarrollar el Modernismo como movimiento o corriente de fin de siglo y la relación del 98 en torno a él, ya que del 98 como tal hay que hablar en el próximo tema y de la novela del 98 en el siguiente.
El Modernismo surge en el último cuarto del siglo XIX (entre 1875 y 1882), primero en Hispanoamérica y después en España. Es un movimiento de renovación que se manifiesta en todos los aspectos de la vida (política, ciencia, etc.), pero principalmente en las artes (pintura, literatura, etc.).
Aunque según Juan Ramón Jiménez comienza en Alemania, es en Hispanoamérica donde cuenta con mayor número de seguidores, adquiere mayor importancia y desarrollo, iniciando este movimiento José Martí, Julián del Casal (cubanos), Manuel Gutiérrez Nájera (mejicano) y José Asunción Silva (colombiano); pero es el nicaragüense Rubén Darío el que lo consolida definitivamente en Azul, 1888.
Los últimos decenios del periodo decimonónico se venían caracterizando por un conformismo burgués en lo social y por el positivismo filosófico que entonces imperaba. Por otra parte, el Realismo y el Naturalismo, que ya habían dado sus mejores frutos, empezaban a caer en un cierto prosaísmo con el consiguiente anquilosamiento de los valores estrictamente formales y artísticos. Contra ellos, ya habían reaccionado en Francia el Parnasianismo y el Simbolismo. De igual manera, los escritores españoles e hispanoamericanos se rebelan contra el espíritu pragmático y utilitario de la época, sobreponiendo los valores artísticos a los sociales e ideológicos. Va creándose así un ambiente innovador que pretende revisar más que romper, todos los valores aceptados.
Por tanto, como dice Federico Onís, “el Modernismo es la forma hispánica de la crisis universal de las letras y del espíritu, que inicia hacia 1885 la disolución del siglo XIX, que se había de manifestar en el arte, la ciencia, la religión, la política y gradualmente en los demás aspectos de la vida entera, con todos los caracteres, por tanto, de un hondo cambio histórico…”
De ahí que el Modernismo sea ante todo, más que un fenómeno propiamente literario, una manifestación del espíritu que implica una determinada actitud vital. Y es en este punto en el que debemos comenzar a hablar del 98, indicando que las fronteras entre ambos movimientos eran tan borrosas que se ha hecho difícil separar lo “modernista” de lo “noventayochista”. La crítica se ha dividido en dos bandos: los que contraponen rotundamente ambos movimientos y los que apenas entrevén diferencias entre ellos. Entre los primeros citar a Pedro Salinas o Guillermo Díaz Plaja, entre los segundos a Rafael Ferreras, Ricardo Gullón, Juan Ramón Jiménez y Federico Onís.
Pedro Salinas, por ejemplo, en “El problema del Modernismo en España o un conflicto entre dos espíritus” establece una serie de diferencias:
1- Los precursores del Modernismo son poetas; los del 98, ideólogos.
2- Los primeros buscan la belleza como último fin, los segundos, la verdad.
3- Aquellos con cosmopolitas, estos son concentrativos, miran exclusivamente a España.
4- El Modernismo es sintético, ya que toma todos los movimientos literarios del XIX; el 98 es analítico, disecciona la realidad española;
5- La literatura modernista es una literatura de los sentidos; la del 98 es una literatura de ideas.
Ferreras en “Los límites del Modernismo y de Generación del 98” opina de muy distinta manera. Encuentra entre ambos movimientos una gran afinidad. Señala la falsedad de la disyuntiva Castilla-París atribuido a los noventayochistas y modernistas respectivamente; por otra parte hace hincapié en la influencia que ejercen los escritores franceses, especialmente los simbolistas, en los del 98; por último, declara cómo estos confiesan la influencia y liderazgo de Rubén Darío.
Por último, José Carlos Mainer en “Modernismo y 98” aboga por un tratamiento unitario para estos movimientos, puesto que ambos se producen bajo la crisis de fin de siglo, que afectó por otra parte a toda Europa y pone en duda los argumentos que Salinas exponía para hablar de una generación del 98.
Todos estos escritores entran pronto en contacto con los hispanoamericanos, principalmente con Rubén Darío. Se produce así una influencia del movimiento “modernista” hispanoamericano que se manifiesta fundamentalmente en el lenguaje, que aun calando de distinta manera, alcanza a todos. En algunos como Antonio Machado o Valle Inclán, con mayor intensidad.
Verdaderamente es difícil trazar una divisoria entre ambos movimientos. Hay muchos puntos en común; se da el caso extremo de un escritor que entra en ambos (Valle Inclán). Sea como fuere creemos que los escritores de la llamada Generación del 98, aunque integrándolos dentro del Modernismo, tienen en gran parte de su producción unas características muy concretas que los diferencian más que los separan de Rubén Darío y de otros seguidores que coinciden plenamente con las directrices modernistas.
La característica fundamental que define el Modernismo es la preocupación por los valores formales. El artista modernista se esmera al buscar nuevos caminos de expresión que conduzcan al logro de la belleza. Por esta razón, se da una especial importancia al valor de la palabra, tanto en su significante como en el significado. Se ahonda en la capacidad sugeridora de la palabra, en sus valores melódicos y rítmicos, en su exotismo. El léxico modernista se puebla de arcaísmos, cultismos, neologismos, extranjerismos. Pero aún hay más, el escritor en su afán de expresar su nueva sensibilidad, asocia frecuentemente palabras que se refieren a sensaciones distintas, creando así todo un mundo de sinestesias. Se produce, por tanto, un gran refinamiento verbal.
De igual manera, los poetas modernistas procuran las mayores innovaciones métricas. Experimentan nuevos ritmos, metros con gran libertad acentual. Ensayan combinaciones de versos hasta entonces poco usuales, creando nuevas estrofas.
El refinamiento y la exquisitez también se dan en temas, motivos, ambientes y personajes. Dotados de una vasta cultura y erudición nos describen cuadros, esculturas o templos famosos. Cantan a los héroes clásicos o a las grandes figuras literarias del Renacimiento. Nos hablan de palacios de mármol donde habitan regios personajes rodeados del mejor lujo (oro, piedras preciosas, sedas, etc.); nos describen bellas y frondosos jardines en los que vemos aparecer cisnes, pavos reales, sátiros, centauros, etc. Hay, por tanto, un religioso culto a la elegancia.
Esta inclinación hacia lo aristocrático no es sino un índice más del escapismo de la literatura modernista, que enlaza con el punto por lo exótico. El escritor descontento tanto del mundo que le ha tocado vivir, mundo falto de belleza, de heroísmo, huye hacia otras épocas, lugares. No habla de la Grecia y Roma Clásicas o del Versalles dieciochesco; aún más, traslada su fantasía a los países del lejano Oriente (Japón, China, etc.).
Otras características importantes de la literatura modernista son la frivolidad existente en muchos de sus escritos y una cierta complacencia en los aspectos sensuales y eróticos de la vida.
Por último, cabe resaltar el espíritu cosmopolita de todos sus componentes. Una de las razones fundamentales de sentirse ciudadanos del universo es la ya apuntada insatisfacción con el mundo en que viven. Otra es la necesidad que tiene América de abrir sus fronteras hacia otros lugares, principalmente hacia Europa, Francia especialmente - no olvidemos que va a ser la primera vez que las letras hispanoamericanas van a influir en nuestra literatura-. De cualquier modo, este cierto desarraigo producirá paradójicamente un efecto contrario; al estudiar lo producido en el exterior, se valorará lo propio; y así a través de ese conocimiento los escritores hispanoamericanos hallarán su originalidad y voz propia, que irá afianzándose hasta desembocar en el famoso boom de los años 60. No obstante todo lo dicho hasta ahora, hay que señalar que a este modernismo, exuberante en la forma y aparentemente hueco, vacío de contenido, sucederá otro más profundo, de carácter propiamente metafísico, en el que se plantean los problemas fundamentales de la existencia humana. El movimiento con el devenir de los años irá abandonando su afrancesamiento para hacerse cada vez más hispanista o americano en cada caso.
Para concluir, citar a los autores fundamentales a uno y otro lado (R. Darío y M. Machado) e indicar que para saber algo más sobre ellos habría que ir al libro de texto. Con esto damos por finalizado este tema. En el próximo nos centraremos en la Generación del 98.

Tema realizado por Carlos Alcaide